Arquitectura religiosa en Bogotá: esbozo histórico de cinco iglesias


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Por tratarse Colombia de un país que, desde la llegada de los primeros españo­les a su territorio, se ha visto sometido a la influencia de la doctrina eclesiástica católica, es apenas lógico que en Bogotá sea posible encontrar gran canti­dad de iglesias. Muchos barrios cuentan con su propio templo o capilla, por lo general erigido en honor a un santo o un evento sacro particular. Los estilos en que son construidos son diver­gentes, pero todos son un refle­jo de la religiosidad que, desde los tiempos de la colonia, se ha establecido con fines de legiti­mación institucional y social. Ciertos sectores de la ciudad son bastante característicos en este sentido. La Candelaria, ubicada en el centro de la urbe, alberga algunos de los templos más antiguos y representativos de la ciudad, cada uno expo­nente de un estilo particular. Su antigüedad, la grandiosidad de sus edificaciones y la belleza de sus decorados los han con­vertido en uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad. Los bogotanos reconocen también su impor­tancia, y han consagrado como tradición el visitarlas durante algunos momentos señalados especialmente por el calendario litúrgico, como el jueves santo.

Iglesias ubicadas en otras partes de la ciudad han adqui­rido también un significado especial en tanto constituyen espacios donde la religiosidad popular cobra especial vida. En el cerro tutelar de Monse­rrate es posible encontrar el templo consagrado al Señor Caído, escenario de multitu­dinarias peregrinaciones cada fin de semana. Los creyentes ascienden a pie, en funicu­lar o en teleférico con el fin de formular sus peticiones y agradecer los favores recibidos.

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Cristo de la iglesia de San Francisco. Bogotá Colombia. Foto: Gumercindo Cuéllar.

La Iglesia del 20 de Julio, ubicada en el barrio del mis­mo nombre, cuyo patrón es el Divino Niño Jesús es otro centro religioso de gran importancia dentro de la red de creencias capitalinas. Al igual que en Monserrate, los fieles asisten masivamente a las liturgias del día domingo con el fin de pedir favores y hacer promesas. Alrededor de ambos sitios se han generado pequeñas redes económicas: numerosas per­sonas derivan su sustento de la venta de comidas, bebidas, entretenimiento y artilugios religiosos a los peregrinos.

En este artículo se exami­narán, desde un punto de vista histórico y arquitectónico, cinco iglesias bogotanas: el Santua­rio de Monserrate, la Iglesia de San Francisco, ubicada en un importante complejo re­ligioso junto a la Iglesia dela Veracruz y la Iglesia de la Tercera, la Iglesia de la Cande­laria, la Iglesia de San Agustín y la Catedral Primada.

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Monumento del señor caído. Monserrate. Bogotá, Colombia. Foto: Gumercindo Cuéllar.

 

Se trata, por supuesto, de una selección bastante pre­caria y sesgada. Las iglesias bogotanas son abundantes, y cada una alberga dentro de sí pequeños y grandes tesoros históricos, además de reflejar diversos desarrollos arquitec­tónicos y la influencia de las diferentes escuelas artísticas en la ciudad. Bien harían propios y extraños en visitar alguno de los templos y ma­ravillarse de la riqueza de sus decorados y las peculiaridades del arte pictórico religioso.

Iglesia de San Francisco

Carrera Séptima con Avenida Jiménez

La historia de este templo se remonta a 1557. Fue en este año, cuando por iniciativa de Fray Juan de los Barrios y Toledo, se inició la construcción de un convento con donaciones par­ticulares en terrenos que hasta entonces habían pertenecido al capitán Juan Muñoz de Co­llantes, ubicados en la acera contraria de la Plaza de Mer­cado, actual Parque Santander(Espinosa, 1965). Su nombre, claro está, es una alusión al santo patrón de los francisca­nos, comunidad que residía en el convento, y que habían llega­do al Nuevo Reino de Granada hacía 1550, con la misión de adoctrinar a los indígenas que allí vivían. (Mantilla, 1994).

Se trataba, cómo todos las parroquias santafereñas de entonces, de un recinto cons­truido con materiales pobres. En aquel entonces el sitio contaba con una sola nave, insuficiente para el número de asistentes. Su estado casi ruinoso obligó a su reconstrucción en 1586, y esta no se terminaría sino hasta 1611. Carecía todavía de una rica decoración: en 1625 el arquitecto Ignacio García de Ascucha entregó el reta­blo mayor (Corredor, 2007).

El recinto resistió los te­rremotos de 1743 y 1826, pero el de 1785 destruyó su torre, la cual hubo de ser reconstruida. El aspecto que ofrece actual­mente la iglesia es el de una construcción fuerte, construi­da en piedra con aditamentos de hierro. Se extiende por 69metros a lo largo de la Carrera Séptima y 19 metros sobre la Avenida Jiménez de Quesada.

Existe una clara diferenciación estilística en la construcción: la fachada y el primer cuer­po de la torre tiene el estilo del siglo XVII, mientras que los cuerpos superiores de la misma parecen la obra de un arquitecto académico del siglo XVIII. (Espinosa, 1965, p. 16)

En el interior es posible encontrar numerosas obras de arte, todas con motivos religio­sos. Los costados, por ejemplo, están ornamentados con relie­ves maravillosamente detalla­dos, consagrados a la figura del martirio de Santa Catalina, San Jerónimo, San Francisco, el bautizo de Cristo y el apocalipsis de San Juan. Además, hay siete altares dispersos por la iglesia, cada uno dedicado a igual nú­mero de santos, entre ellos San José y San Pascual Bailón. (Sanz de Santamaría, 1967, p. 17-18)

Mención aparte merecen las conmovedoras imágenes de Cristo que en este templo se veneran. La primera de ellas es el Cristo caído, tallado por Lugo de Albarracín, creador de la similar imagen que se venera en Monserrate. Esta imagen, hecha en pasta y madera, era esencial en las festividades del Corpus Christi del siglo XVII. La segunda es el Cristo muerto, obra de Martínez Montañez, de influencia claramente española. (Gómez Hurtado, p. 18 y 24)

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Bendición a Monserrate. Bogotá, Colombia. Foto: Gumercindo Cuéllar

 

Santuario de Monserrate

Cerros orientales

El templo de Monserrate es sin duda uno de los principales símbolos de Bogotá. Gracias a su particular ubicación, encla­vado en los cerros tutelares de la ciudad, es posible distinguir su emblemática figura des­de casi cualquier punto de la urbe. Además, son famosas las peregrinaciones que allí tienen lugar. Los visitantes pueden optar por ascender a pie (e incluso de rodillas), en teleférico o funicular. Su histo­ria se remonta a 1620, cuando don Pedro Solís de Valenzuela decidió erigir una capilla en la cima del cerro para devoción de Nuestra Señora de la Cruz de Monserrate. (Bayona, 1960)

Ya en tiempos coloniales los caminantes habían logrado construir una suerte de sende­ro, el cual resultó providencial para subir los primeros mate­riales y elementos a la cima del cerro para construir la pequeña iglesia. Solís, además de contar con la ayuda de los peregri­nos, aportó cuantiosos recur­sos monetarios y los primeros adornos, el más importante de ellos fue la escultura de Nues­tra Señora de Monserrate, la virgen morena. (Bayona, 1960)

La devoción por la mariana imagen se sustituyó posterior­mente por la del ‘Cristo caído a los azotes y clavado en la cruz ‘que realizó Don Pedro de Lugo y Albarracín. La pequeña ca­pilla, cuya construcción había terminado hacia 1657, resistió tres temblores durante el siglo XVIII, pero no sobrevivió a la creciente masa de fieles, lo que obligó a demolerla para alzar el monumento que hoy es posible visitar. El 3 de mayo de 1915 se inició la nueva construcción, y se terminó cinco años des­pués. (Vargas y Palacio, p. 150)

Nuevos sismos hicieron ne­cesaria una reconstrucción en el año de 1925, quien le imprimió a la edificación un estilo de corte gótico y una planta basilical. Posteriores intervenciones le die­ron el aspecto colonial que con­serva hoy en día. (Pianeta, 2006, p. 90) El elemento decorativo de mayor relevancia es el Cristo caído, siendo el interior bastante simple. Sin embargo, alrededor de la iglesia es posible encon­trar numerosas placas y efigies, puestas allí por los fieles, para agradecer a la figura por los milagros y favores concedidos.

Iglesia de La Candelaria

Carrera Cuarta con Calle Décima

La iglesia de la Candelaria se erige en la esquina de la carrera cuarta con Calle décima. Re­sulta fácil distinguirla debido al fuerte color amarillo que cubre sus dos fachadas. Ade­más, se encuentra al lado de uno de los centros culturales más importantes de la ciudad, la Biblioteca Luis Ángel Aran­go. El sonido de sus campanas resuena a las siete de la ma­ñana y las seis de la tarde de cada día, llamando a misa a los transeúntes de este importante sector del centro de Bogotá.

Su existencia se remonta al siglo XVII. Ya en 1635 se había establecido en el mismo sitio un hospicio, llamado San Nicolás de Tolentino, santo patrón de los Agustinos Recoletos, congrega­ción bajo cuya dirección se halla desde entonces el templo. Sin embargo, dicho hospicio no con­taba con autorización expresa del Rey de España para existir, por lo que fue necesario demo­lerlo. Solo hasta 1685 se hicieron los planos y en 1686 se inició la construcción oficial del conven­to adjunto y el templo (Iglesia de la Candelaria, 2008, p. 7).

Este templo ha sufrido numerosas restauraciones que han cambiado la forma original del edificio, inaugurado origi­nalmente en 1703. Las torres que hoy se elevan en la parte superior de su estructura fueron construidas la primera en el siglo XIX y la otra en el siglo XX.

Ha sido necesario reforzar las es­tructuras, cambiar el color de la pintura y hacer otras interven­ciones, con el fin de preservar la riqueza artística que se halla en el interior, cuyo valor es cier­tamente incalculable. (Iglesia de la Candelaria, 2008, p. 8)

Desde un punto de vista arquitectónico, su construcción respondió a los principios manie­ristas del italianismo posterior al renacimiento. (Gil Tovar, 1986, p.78) La decoración interior com­prende una amplia muestra pic­tórica que incluye a los pintores Pedro de Lugo Albarracín, Juan Arriaga y el más famoso de los pintores santafereños, Gregorio Vásquez Ceballos, quien donó el cuadro Inmaculada Concep­ción, de grandes dimensiones, como pago anticipado de sus funerales y agradecimiento por haber podido vivir en el conven­to en sus días postreros (Iglesia de la Candelaria, 2008, p. 7)

Quizás el aspecto más lla­mativo de su decoración interior es la presencia de once altares, excluyendo el altar mayor, que sin conocer ninguna reforma siguen siendo los originales del siglo XVIII. Cada uno de estos altares está consagrado a un santo o una figura religiosa en particular: Jesús Nazare­no, Santa Rita, la Santísima Trinidad, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Santo Cristo, Nuestra Señora de la Consola­ción, Nuestra Señora del Pilar, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Nicolás Tolentino.

Catedral Primada

Carrera Séptima, Calles Décima y Once

Se trata, sin duda, de uno de los espacios más reconocidos no solo por los bogotanos sino por los colombianos. Su ubica­ción privilegiada, en el costado oriental de la emblemática Plaza de Bolívar la convierte en una referencia obligada en mate­ria de turismo. La suya es una historia larga y rica, que en parte refleja las convulsiones del desarrollo del país. Imponente, es símbolo y recordatorio del po­der e influencia que detentará la iglesia católica en otros tiempos.

La catedral que hoy en día se conoce se erige en el lugar donde originalmente se edificó la pri­mera iglesia de la recién fundada ciudad de Santafé de Bogotá, en1539. La estructura actual respon­de a planos de Fray Domingo de Petrés, y fue terminada de cons­truir en 1823. Su fachada posee dos estilos. La parte inferior es de estilo dórico, mientras que la parte superior, junto a las torres, fueron construidas en estilo jónico. (Alcaldía, 2001, p. 6)

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Cátedral primada. Bogotá, Colombia. Foto: Gumercindo Cuéllar.

 

En realidad, cuatro iglesias fueron erigidas en el mismo lu­gar. La catedral actual inició la construcción en 1807, y su estilo responde al concepto neoclásico en boga, hecho que se expli­ca, además, por la formación de Petrés. Este murió en 1811, antes de ver concluida su obra. Le correspondió a su discípu­lo, Nicolás León, terminar la construcción de la construc­ción. (Gil Tovar, 1986, p. 6 -7)

El resultado fue harto chapu­cero, por lo que poco después de su inauguración fue necesaria una remodelación. La impo­nente puerta mide siete metros de alto por tres de ancho, y la flanquean dos torres. La cúpu­la, típica de un estilo clásico basilical, es sostenida por cuatro gruesos pilares. El interior se halla ocupado por columnas de orden compuesto, tres naves y catorce capillas: trece ubicados en los laterales y una en el fren­te. (Vargas y Palacio, 2000, 122)

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Cátedral primada. Bogotá, Colombia. Foto: Gumercindo Cuéllar.

Ya que se trató en otros tiempos de la iglesia más im­portante de la ciudad, alberga una colección importante de obras de artistas nacionales de importancia como Epifanio Garay y Ricardo Acevedo Bernal. El arte escultórico y orfebre que adorna el templo es nota­ble: la Custodia Mayor, de oro puro y decorada con más de 3000 gemas, y una escultura del Santo Sepulcro, enchapado en nácar, carey y concha son ejemplos destacables. (Vargas y Palacio, 2000, p. 123 – 124).

Iglesia de San Agustín

Carrera Séptima con Calle Séptima

Al igual que muchas otras edificaciones de índole reli­giosa, ha sido declarada como Monumento Nacional. Su exis­tencia se remonta al siglo XVI, siendo erigida por primera vez en 1575 (Alcaldía de Bogotá, p. 4) La estructura moderna, que responde a la reconstrucción que tuvo lugar en 1977 aprovecha en sí algunos elementos del edificio original, como la portada. Su fa­chada es tan sencilla como la de la mayoría de iglesias coloniales de Bogotá (Gil Tovar, 1986, p. 42).

La construcción posee tres naves o pasillos. Cuenta además, con otra nave trans­versal en la parte posterior del retablo mayor, la cual en su momento fue parte de la igle­sia original. Los muros fueron construidos en piedra, ladrillo, adobe y tapia pisada. Los deco­rados que es posible hallar en su interior son apenas vestigios delos que alguna vez se hallaron en su interior. Aún se con­servan las sillas de los coros y parte de los retablos originales. (Pianeta y Redel, 2006, p. 94)

Entre sus posesiones más singulares se halla una ima­gen, cruda por lo real, de Cristo cargando la cruz. Este nazareno en particular tuvo el mérito de ser nombrado ‘’comandante en jefe’’ de los ejércitos por Antonio Nariño, durante el período de la Patria Boba. Como ya se sabe, la causa fue ganada, y las supues­tas calidades marciales de la talla hicieron que tuviera que retomar su puesto en varias de las guerras civiles que azotaron el país du­rante el siglo XIX. Su actuación le valió incluso una condecoración. (Gómez y Álvarez, 1990, p. 17)

En el interior, además del púlpito y el altar mayor se encuentran cuatro altares, consagrados a Mi Padre Jesús, Nuestra Señora de la Correa, San Antonio y Santa Rita. Además, es posible contemplar un re­tablo consagrado a la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia y motivo iconográfico muy frecuente en las iglesias colombianas. (Sanz de Santama­ría y Salamanca, 1969, p. 70– 71)

En conclusión, las iglesias bogotanas están pobladas de tesoros, muchos a la vista de los visitantes. La arquitectura y la decoración de los templos, además, son un testimonio elocuente de un pasado rico en imaginería religiosa, du­rante el cual la Iglesia Católica jugó un papel fundamental en la vida de los habitantes de Santafé de Bogotá. Queda pues invitar a los lectores a acercarse a estas iglesias, y a todas las otras que componen el patrimonio capitalino, para maravillarse con los remanen­tes de la historia de Bogotá. 

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Conmemoración de la primera misa. Bogotá, Colombia Gumercindo Cuéllar

 

Referencias bibliográficas

Álvarez Díaz, E., & Gómez Hurtado, Á. (1970). Herencia colonial en la imaginería de las iglesias y museos de Santa Fe de Bogotá: según selección de Álvaro Gómez Hurtado, quien escribió el prólogo y los comentarios y captada por la cámara de Enrique Álvarez Díaz. Bogotá: Banco Cafetero de Colombia.

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