Carta a Manuel


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«Amigo ausente» es un oxímoron. Los amigos, esas sombras de dinosaurio en medio del pantano (la metáfora es de Roberto Bolaño) jamás nos desamparan. Para Manuel y todos los demás, este canto de vida en medio de tanta muerte.

Te cerraron los ojos y también la boca
cuando te abrieron el vientre.
Yo lo sé, estuve ahí mientras morías,
arrodillado a tu lado, en silencio:
es pesada esa manera de callar
que tienen los muertos.
Y sin embargo, pasado el estupor,
cuantas cosas escuché que me contabas;
sobre la vida y el amor,
sobre los juegos que compartimos cuando niños;
y tus lecturas de Rosseau, y el Leviatán,
y tus pasajes favoritos de Thoreau,
y los discursos de Gaitán
que asegurabas saberte de memoria.
Yo nunca supe bien que era la revolución.
Entendí, quizás, que se trataba
de arriesgar la vida oponiéndose a la muerte.
Eso me enseñaste con tu ejemplo.
Por mi parte tuve y tengo cuentos,
la voluntad dispuesta a no callarme,
mi colección de magias y de mitos,
y tu voz en mi voz, tu sueño en mi sueño,
como un último juego compartido.
Cuanto espero encontrarte de nuevo algún día
y poder darte buenas noticias:
que el mundo es un lugar mejor,
que fue posible construir con las cenizas.

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