Cthulhu: reflejo del lado oscuro del hombre


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Cthulu. Renzo Espina Bernal. Ilustración. 2013

 

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No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disocia­dos conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas…

(Lovecraft, 2004a, p. 9)

Howard Phillips Lovecraft fue un escritor estadou­nidense de ficción y de terror famoso por romper con los esquemas del cuento de estos géneros, en su época el terror sobrenatural era el conocido. Lovecraft creó su propia variante, conocida como Terror Cósmico o Te­rror Cósmico Materialista, en donde el horror es causado por entes extraterrestres que vinieron a nuestro planeta en tiempos leja­nos y que ahora han vuelto para recobrar el control de este. Sus obras se caracterizaron también por utilizar su propia mitología, conocida como Los Mitos de Cthul­hu término acuñado por August Derleth, amigo de Lovecraft),cuya influencia en la cultura de la sociedad actual alcanza límites insospechados por la mayoría de todos nosotros: esta mitología ha llegado, incluso, a convertirse en objeto de culto.

Entre las diferentes maneras como los escritos de Lovecraft se manifiestan en la cultura de hoyen día, encontramos a ‘Cthulhu’, quien ha aparecido en programas de televisión como: Los Auténti­cos Caza fantasmas, ¡Fenomenoide!, South Park, Babylon 5. En la mú­sica también podemos encontrarlos mitos en grupos musicales como: Metálica, Iron Maiden, Deadmau5, Ktulu, entre otros. El Asilo Arkham, donde todos los villanos de Batman son encerrados, toma su nombre de la ciudad de Arkham, creada por Lovecraft. Stephen King, escritor de novelas de terror, también ha sido grandemente influido por este escritor y sus mitos (en la película La Niebla, basada en una novela de King, podemos apreciar brevemente a Cthulhu). Estos son apenas unos pocos ejemplos del alcance de las obras de Lovecraft en el mundo actual y de la importan­cia y valor de estos en el género de terror. Pero, ¿por qué se han convertido los textos de Lovecraft en objeto de tanta importan­cia en la ciencia ficción, el horror y la cultura de ahora?

Uno de los temas recurrentes en Los mitos de Cthulhu es el papel del ser humano en el Universo. Lovecraft sitúa al hombre como un pequeño grano de arena, insignificante, en la inmensidad de un océano. En estos relatos el personaje se enfrenta a un mundo desconocido e incom­prensible. Esta es una caracterís­tica importante en los escritos de Lovecraft, puesto que nos ayuda a reflexionar lo insignificantes que somos y lo poco que conoce­mos. Otra característica de estos textos es la búsqueda de conoci­miento: es en esta travesía en la que el humano se da cuenta dela verdad. Él no está solo, hay un mundo más allá de su compren­sión, dimensiones que no puede asimilar, conocimientos que no puede aceptar. Lo que conlleva a la locura y a la distorsión de sí mismo, ya que el hombre está indefenso ante lo desconocido.

Los relatos de Lovecraft se diferencian de otros, dentro del género de horror, puesto que crean un ambiente maligno en donde los personajes siempre van a estar amenazados por los misterios y en donde, además, no se van a poder salvar debido a que son tan diminutos fren­te a las adversidades cósmicas con las que se encuentran. A esto se le añade la empatía que el lector llega a sentir respecto al personaje y al ambiente en donde se desenvuelve la histo­ria. Asco, miedo y ansiedad son solo unas pocas emociones que Lovecraft nos puede suscitar.

En estos relatos el huma­no es sinónimo de orden, de organización, pero Lovecraft rompe con estos esquemas incorporando caos, concepto fundamental en los mitos. Son las entidades cósmicas las que traen el desorden a la Tierra. Cthulhu, por ejemplo, reposa en R’lyeh, su morada ubicada en las profundidades marinas, e intenta despertar de su letargo por medio de sus sirvientes para poder reconquistar la Tierra y, así, sumirla en caos y destruc­ción; campaña que no tiene lógica alguna y que resalta pre­cisamente el desorden caracte­rístico de los mitos de Cthulhu.

Cthulhu es la entidad cósmica más reconocida de ‘los mitos’. Es un ser enorme comparable a una montaña: cabeza con tentácu­los, alas de dragón y compuesto de una substancia nunca antes vista. Este personaje rompe con nuestra lógica y con nuestros sen­tidos, y nos induce, así, a la locu­ra. Cthulhu es un ser que, a pesar de no estar activo, es altamente venerado. Se pueden hallar cultos humanos en donde es adora­do como Dios, por ejemplo: los practicantes de vudú, en Luisia­na; o los inuit, en Groenlandia.

También hay otros seres que consideran a Cthulhu una deidad, conocidos como los ‘Profundos’: estos son seres humanoides, mitad peces, mitad batracios, que viven en la ciu­dad submarina de Y’ha-nthlei, ubicada cerca a los puertos de la ciudad ficticia de Inns­mouth. En esta ciudad está La Orden Esotérica de Dagón, secta que rinde culto a Padre Dugón y a Madre Hidra, gobernantes de los Profundos, junto con Cthulhu. Esta orden tiene un trato con los Profundos: estos últimos les dan objetos valiosos y pescados a cambio de sacrifi­cios humanos en los que las dos razas procrean seres híbridos.

El conocimiento cumple un papel fundamental a la horade reproducir la discordia. El “promovedor” de este método de caos es nada más y nada menos que el Caos Reptante, Nyarlathotep, mensajero de los Dioses Exteriores, entidades que viven en el centro del universo. Este personaje es el dios que más ha tenido contacto con los humanos, presentándose en diferentes avatares a lo largo del tiempo y con diversos cul­tos repartidos en la Tierra. Es él quien viaja por el mundo repar­tiendo su conocimiento. Parte de estas enseñanzas quedaron plasmadas en el Necronomicón, libro escrito por el Árabe loco, Abdul Alhazred, y del cual se puede encontrar una copia en la ficticia Universidad de Miskato­nic, ubicada en Arkham. Este libro es un arma de doble filo puesto que contiene mucha in­formación referente a los dioses, ya sean Exteriores o Primigenios, y a otras entidades menores, como los Mi-Go, los Antiguos y los ya mencionados Profundos

Otro factor determinante de la popularidad de los Mitos de Cthulhu es el hecho de que apelan a un público mayor que el del resto de relatos fantásticos y de terror. ¿Cómo se logra esto? Para entenderlo nos remitiremos a los postulados de Todorov sobre el género fantástico. En resumen, lo fantástico es la frontera entre otros dos tipos de relato: el ma­ravilloso y el extraño. Tenemos un acontecimiento sobrenatural: no es posible comprender dicho acontecimiento, ni siquiera es seguro que en verdad esté ocu­rriendo o no. En el relato mara­villoso los sucesos sobrenaturales terminan siendo explicados y aceptados mediante leyes natura­les hasta ahora desconocidas. El relato extraño es el polo opuesto: los sucesos sobrenaturales no eran reales y las leyes del mun­do se conservan tal cual eran. Un relato fantástico solo puede serlo cuando la incertidumbre de si lo que pasa es real o no queda sin resolver. Ahora bien, estas categorías no son comple­tamente delimitadas, existen relatos fantástico-extraños y fantástico-maravillosos, que ocurren cuando la incertidumbre se mantiene por un largo tiem­po pero al final termina siendo resuelta. Lo fantástico, por ser el medio absoluto, es más un concepto que una realidad.

Lovecraft, sin embargo, consiguió un equilibrio hasta ahora inigualado entre realidad y ficción, entre lo extraño y lo maravilloso. Cada persona puede encontrar diferentes elemen­tos de uno u otro lado que le permitan sentirse parte de los mitos de Cthulhu, aceptarlos como realidad. El mito juega un papel fundamental dentro de este equilibrio: Lovecraft crea su propio mundo, con sus leyes y ciclos. Pero está tan mezclado con el nuestro, oculto a simple vista, que es difícil saber dónde termina uno y dónde comienza otro. Las descripciones sólidas de los espacios geográficos, por ejemplo, producen esta fami­liaridad con el lector. Aunque no conozcamos los lugares que Lovecraft menciona, somos capaces de ubicarlos en nuestro mapa mental, y estos, al ser tan inhóspitos y tan poco explora­dos —la Antártida, el mar (en cuyas profundidades se en­cuentra la morada de Cthulhu, R’lyeh) y encontrar sede repente llenos de vida y misterio, nos hacen cuestionarnos acerca del límite entre realidad-ficción y nuestro papel en el mundo.

La insignificancia de la raza humana que anteriormente mencionábamos comienza aquí y, no solo está presente en los personajes de Lovecraft, sino que también logra trascender las fronteras del texto y encontrar un lugar dentro de nosotros mismos. ¿Cómo no sentir la desesperación y el horror de sus personajes, cuando son personas comunes y corrientes, al igual que nosotros, que de repente se ven enfrenta­das a un mundo que se escapa a su comprensión? Un mundo tan bien trazado en nuestra cotidiani­dad que es imposible no plantear­nos su existencia, aun cuando ello implica aceptarnos como seres sin importancia, peones en el juego de otros. ¿No es esto, a la bondadosos: ninguno de los seres larga, lo que sucede en las demás superiores se preocupa por la raza religiones? La diferencia radica en humana. ¿Puede existir un relato que para Lovecraft no hay dioses más aterrorizante que este?

Referencias bibliográficas

Lovecraft, Howard Phillips. (2004a). La llamada de Cthulhu y otros cuentos. Madrid: Alianza editorial.

Lovecraft, Howard Phillips. (2004b). La búsqueda Onírica de la desconocida Kadath/ciclo Randolph Carter 2/H.P. Lovecraft; traducción José A. Alvaro Garrido; introducción de Alberto Santos Castillo. Madrid: Edaf.

Lovecraft, Howard Phillips. (2003). Antología: El Necronomicón. Edición de Teo Gómez. Barcelona: Océano.

Todorov. Tzvetan. (1987). Introducción a la literatura fantástica. México D.F. Premia editores

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