Roberto Amador: arte como pensamiento extremo


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Que la razón sea sensible y el sentimiento, razonable
Schiller

Una mañana típica bogotana. En Maloka, punto estratégico para la ciencia colombiana, logramos conversar con Roberto Amador López. Cuando se le observa por primera vez, su aspecto tranquilo hace difícil imaginarlo como un hombre rodeado por el arte, aún más si se tiene conocimiento de su vida académica y su labor como director de Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. Esta transdisciplinariedad, tan latente en su persona, se ve reflejada en cátedras como Arte y Cerebro, la cual fue dirigida por él mismo. Aunque puede sonar tediosa para algún estudiante de artes, o incluso de ciencias humanas, esta cátedra ha fascinado a muchos seres integrales a través de una excitante introducción al cerebro por medio del arte, al mismo tiempo que introduce al arte por medio de la neurología. En palabras de Amador: “Un neurocientífico puede ser un médico, pero también un sociólogo, un filósofo, un biólogo, en fin: cualquiera que pretenda entender el cerebro del ser humano” (Amador, 2009).

Roberto Amador

Roberto Amador. David Enrique Guarnizo.

Esta relación entre arte y cerebro expone de nuevo el gran dilema del pensamiento occidental: ¿se puede estudiar a la ciencia con algún factor afectivo? ¿Se puede aprender arte por medio de la razón? Amador lo hizo posible a través de una cátedra que se alejaba de los estándares convencionales. Con la invitación a la clase de expertos en fútbol, en vinos, en cine y en arte, mostró una nueva perspectiva a sus estudiantes. Aun en cuanto al arte, Amador es poco convencional. Más allá de la acepción popular del arte residente en los museos, para Amador, el “arte es el pensamiento extremo, es decir, es el pensamiento con sentimiento; es nuestro pensamiento dentro de la cotidianidad, pero que nos produce placer o no placer (emoción), es decir, pensamiento con sentimiento/emoción (estética)” (Amador, 2009). En este sentido, la estética es un elemento biológico por antonomasia: es la emoción, el sentimiento, es aquello que nos permite adaptarnos como seres sociales y como seres biológicos. Por esto, para Amador, el arte bien puede ser una pintura, una receta culinaria, una comedia o un partido de fútbol.

En este punto entra a jugar un papel fundamental el carácter ambivalente del ser humano. La humanidad no es exclusivamente una especie de seres aparentemente racionales: científicos, matemáticos, arquitectos, etc. También forma gran parte de lo que somos la intuición: el ser artistas, músicos, bailarines, actores. Todo esto por la composición del cerebro: existe un hemisferio izquierdo, que se especializa en lo racional, lo lógico, lo temporal, lo digital (los números y las letras); y un hemisferio derecho, que se ocupa de lo intuitivo, lo artístico, lo musical, lo atemporal.

Lastimosamente, la educación moderna y tradicional se ha encargado de direccionar la enseñanza hacia lo referente al hemisferio izquierdo, aun cuando se sabe que todos somos diferentes. Esta diferencia en nuestros comportamientos radica en que nacemos con un hemisferio más activo que el otro, aunque, a pesar de esta diferencia, los dos hemisferios siempre trabajan juntos. En esta medida, esta cooperación es la que hace posible que podamos decidir: con la razón, pero también con la intuición. Este debe ser el motivo por el cual a Amador le parece tan curioso que el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación trabajen separados, teniendo en cuenta el sinnúmero de relaciones que existen entre estos dos campos y, más aún, “en el cerebro”.

 Según Amador, en la actualidad todo debe analizarse de manera transdisciplinaria. Dada nuestra naturaleza, ya no es pertinente analizar dicotomías (innato/adquirido, biológico/cultural), sino más bien la influencia bidireccional que existe entre estos elementos. No existe una única causa ni un único efecto, sino millones de ellos, una relación circular y sistémica. La educación debe ser asimismo una unión entre dos fuerzas: el conocimiento científico y el conocimiento intuitivo. De acuerdo con esto, el paradigma de la docencia necesita reinventarse: se necesitan docentes bastante creativos, que estén dispuestos a realizar ejercicios poco convencionales como, por ejemplo: un performance sobre las matemáticas o una pintura acerca de las fórmulas químicas. Y más aún teniendo en cuenta que hoy en día los niños y jóvenes van más allá de la lectura: también son cibernautas de lo virtual y lo digital y, por lo tanto, perciben la realidad no solo a partir de lenguajes verbales (hemisferio izquierdo), sino también a partir de múltiples lenguajes no verbales (hemisferio derecho).

 Siguiendo esta filosofía, el mismo médico ha realizado eventos tan poco convencionales como Con-cierto Cerebro o Neuro Fashion, presentados en el Primer Festival de Arte y Ciencia para la Convivencia realizado en Maloka durante mayo del 2009. Asimismo, fue uno de los colaboradores más importantes a la hora de reunir durante el mismo festival a dos grandes intelectuales colombianos: David Manzur y Rodolfo Llinás. En otras palabras: puso a hablar al hemisferio derecho y al hemisferio izquierdo, para así descubrir de qué manera se complementaban. Durante esta conversación, Manzur le dijo a Llinás que él se consideraba más del lado del sentimiento que del de la razón y que cuando va a pintar busca un estado en el que el cerebro “no pueda pensar mucho”. Llinás le respondió: “Oh desilusión: eso no puede ser, porque somos cerebro”. Para Llinás el cerebro es el que ve el mundo y regula todo: el movimiento, la personalidad y, por supuesto, la manera de hacer arte. Aquí podemos encontrar dos perspectivas diferentes y sorprendentes.

Durante Con-cierto Cerebro, Amador explicó a la audiencia cómo se asemeja el funcionamiento de una orquesta sinfónica al funcionamiento del cerebro: imaginemos que los músicos son como las neuronas del cerebro, cada uno de ellos se especializa y agrupa según unos instrumentos similares. El director de la orquesta, el tálamo cortical, es el que hace posible reunir y organizar todos los elementos musicales o neuronales en una sola unidad que sea capaz de expresar algo con sentido o hacer sentir algo particular a la audiencia. Esta es una tarea bastante compleja, pues requiere que el director de la orquesta esté pendiente de por lo menos quince cosas a la vez, para lo que se requiere buena memoria, sensibilidad, sentido del ritmo y del timbre, entre otras cosas. De la misma manera, el tálamo cortical es el encargado de integrar de forma coordinada un número específico de elementos para así producir pensamientos complejos.

Roberto Amador agrega otro elemento importante a la ecuación: la internalización del movimiento. El médico señala que el mundo que percibimos a nuestro alrededor es una creación mental, fundamentalmente subjetiva, y que su objetividad es ilusoria. Esta creación mental se produce gracias a la internalización del movimiento. Mediante ensayo y error vamos creando nuestra realidad, al llevar la cosas a la boca mientras nuestra mamá las convierte en palabras; es la canción de cuna la que va modulando y secuenciando nuestro pensamiento; asimismo, los movimientos presentes en el teatro, la danza, la música, la forma de comunicarnos, los gestos, etc., se convierten en pensamiento con sentimiento a través de la percepción del cerebro. De esta forma, el arte se convierte en pensamiento extremo o pensamiento con sentimiento, gracias a la internalización del movimiento.

Sin duda alguna, la labor de Amador sigue de forma fiel el lema de contestarte: con la testa y con el arte, con el pensamiento y la imaginación. En sus palabras: “El arte es un pensamiento extremo. Danzar, cantar, hablar, pintar, dibujar, esculpir, “musicar” son formas de expresión que hacen parte del pensamiento más allá de lo verbal. El significado está dado por el sentimiento y la emoción” (Amador, 2009). Y el sentimiento y la emoción y el placer y el displacer son los que nos permiten adaptarnos como seres biológicos, sociales y culturales.

Frases memorables:

  • El paradigma no es saber, sino entender.
  • Una mala decisión política es tan grave que equivale a parar un país durante una generación.
  • Los mejores neurocientíficos del mundo no fueron los neurocientíficos tradicionales, sino los artistas.
  • Pensar que pensamos solamente con lo racional es de los errores más graves.

 

Referencias

Amador, Roberto. (2009). “Evolución/adaptación más allá de Darwin”. Consultado en http://vimeo.com/8187668.

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