Tres en la escala de Richter


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Soy una marea de electricidad que asiste a clase, que termina su vida clavado en la tierra.

Polo a tierra.
Mar de tierra:
prolóngame por tu lengua en un beso de lombrices.

Sufriremos juntos una revolución mexicana en los ombligos.
Caigo doblado en piedras.

Quebrado en tus muelas.
Me descubriste clavado; hecho polvo de cristiano de colores de impresora Hewlett Packard 630 tus labios

510 con fondo gris,
60p en mi baño
35express tus piernas.

Con cabezas móviles para una afeitada más al ras.
Te veo florecido. Vas a ser un cartucho de impresora con todos los colores de la cristiandad y el paganismo, todos los colores indígenas; vamos a mezclar las banderas de América cuando duermo cubierto.

Cuando te descubro en mis sábanas, curas las heridas de mi guerra cada noche.
Soy imposible.
Soy un concepto errado de libertad.
Soy un tres en la escala de Richter.
Tú eres un diccionario de fonemas y quejidos secretos.
Ante el monstruoso cálculo de las computadoras y las oficinas que no esperan.
Ante Alan García y Álvaro Uribe, ¿qué se hace?
En la ciudad discriminan a los quechua hablantes; a mí me da pena el español.
En la ciudad, la ciudad me arrastra violentamente por las calles en cámara lenta.
Oficialmente derrotado por Incakola.
En la ciudad, la avenida Bolívar abre los ojos ante nosotros, es Dios.
Una de las muchas parejas se besa en la calle, silenciosamente.
Es invierno.
Hace frío. mi amor. En cantidades industriales.
Tengo frío.

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