Viajando en dirección Sur


Compartir

pdf-icon (1)

«Al primer amor se le quiere más,
a los otros se les quiere mejor»

Antoine de Saint-Exupery

Te desprendiste de mi cuerpo,
caíste súbitamente,
escalón por escalón.
Primero fueron mis labios,
luego fueron mis brazos los que
se olvidaron de ti.

Te fuiste perdiendo de él poco a poco.
Ya fue tarde cuando me buscaste
desesperadamente, no me encontraste,
andaba al lado del río observando a la Luna
en ese mismo lugar donde me dejaste.
¡Planeando junto a ella,
mi viaje en dirección Sur!

No llores que los poetas no lloran,
no llores que ya la Luna que nos
miraba se desangró llorando tu partida,
se descolgó del cielo y vagó levemente
por el mundo durante varias horas.
Me puse a contemplarla esa noche que
se hundió en lo profundo del Calle-Calle
a llorar a solas.

No llores que no fui de fuego,
ni de viento en tu vida.
Quise ser una hoja y no pude.
¡De pronto, pude ser de agua
mientras tú estabas!

Agua que brotó de mis ojos
cuando te lloraba. Agua que fluyó eterna,
inquieta por la vida, buscando
tus labios para ser besados.
Agua que se derramó en tu cuerpo
cuando cerrabas tus ojos y abrías tus
labios callados dentro de los míos.

Fui de agua entero, fui ese río que en
tu vida bajaba suavemente por
cada una de tus curvas, haciendo
remolinos en tus pechos,
hundiendo llanamente sobre tu ombligo,
para terminar en ese mar que se abría
como tus piernas donde encontraba
mi amor en cada noche.

Compartir
Previous Babel: la lengua y la patria
Next Elegía de medianoche