Festival Frutícola del Llano y del Café en Lejanías, municipio del departamento del Meta, Colombia

Una fugaz mirada de historiador al desfile central

Marcos González Pérez[1].

margonza1marcos@gmail.com

 

Lejanías, un municipio situado en el departamento del Meta, engaña con su nombre. Se podría imaginar cualquiera que está situado en lo más recóndito de la geografía colombiana, pero al visitarlo se constata todo lo contrario: está a solo dos horas de recorrido en automóvil, desde Villavicencio. El tránsito entre los dos municipios se hace por una carretera pavimentada, en buen estado, con precisas señales de tránsito y, obvio, con paisajes maravillosos como son los de la Orinoquía.

Este municipio cuenta entre su patrimonio, además de la naturaleza, con una fiesta nominada: «Festival frutícola del Llano y del Café», en referencia a la bondad de sus tierras, ricas en abundantes productos frutales. En el municipio además se produce café, cacao, caña, maíz, aguacate, cacay[2], entre muchos otros y son visibles también las prácticas agrícolas, ganaderas y artesanales que, en conjunto, se exhiben en un desfile que recorre las calles del municipio hasta llegar a concentrarse en el parque central.

 

Los cuadros

El 16 de octubre de 2022 tuve la oportunidad de conocer en su 16º versión del Festival frutícola del Llano y del Café. Su característica central es el desfile de cuadros elaborados sobre carretillas con los productos de la región. Esta marcha de cuadros se nomina «Desfile de carretilleros y carretilleras» en homenaje a las personas que los piensan, los diseñan, los elaboran y los exhiben.

A propósito de las personas que hacen parte del desfile, en una entrevista que realizamos a Erika Juleidy López Olarte[3] nos dijo una frase contundente: «soy carretillera desde hace varios años», sentencia que me recordó la narración que hacía Goethe a finales del siglo XVIII sobre el Carnaval de Roma: «(…) no es una fiesta que se conceda al pueblo, sino que es el pueblo el que se la concede a sí mismo»[4]. Sin duda, carretillera, un título festivo, que vale la pena acreditar.

En la exhibición de esta 16º versión se reunieron muestras de los productos agrícolas (esencialmente frutales); artesanías de la región; cuadros sobre patrimonios materiales como el antiguo sistema de cable para cruzar el río Guape llamado «torre de cable de la tarabita»; también cuadros sobre leyendas como «Florentino y el diablo», «Nací llanera», «El Mohán», «la Llorona», «el Silbón», entre otros. Toda la marcha se agrupaba por categorías desde las carretillas infantiles hasta las rurales y urbanas.

Este 2022 el desfile estuvo encabezado por las carrozas de las reinas del Festival y sus lemas centrales estaban referidos a la reina del municipio, a la ganadería, al aguacate, al café, a veredas, a los barrios y a Lejanías como capital de la abundancia.

Lejanías, Meta. 16º Festival frutícola del Llano y del Café. Octubre 16, 2022. Fotografías: Marcos González Pérez

Imaginar este desfile

Una de las primeras referencias que tengo de esta fiesta está publicada en el libro La fiesta en Colombia, del cual fui su editor y que fue publicado en el año 2017 por la Revista Credencial Historia. Allí, se encuentra el artículo de la investigadora social Luisa Fernanda Sánchez donde se menciona que «[…] toman cada vez más fuerza las festividades que reivindican la “cultura colona” a través de expresiones festivas y —verdaderas muestras de arte popular— como las carretillas frutícolas del municipio de Lejanías, Meta, que se realizan desde 2008 como parte del festival Frutícola, Deportivo, Cultural y Turístico del Llano o la Plataniada en el municipio de Fuente de Oro, en el mismo departamento. […][5]». Estos actos en este artículo se destacan sobre el conjunto de festivos patrimoniales de los llanos orientales de Colombia.

En 2019 nuevamente me crucé con información sobre el festival de Lejanías. Asistí en Villavicencio a «Expomaloca», uno de los eventos patrimoniales más interesante que haya visitado. En este espacio cultural, que se puede percibir como un verdadera muestra de la cultura de la Orinoquía, habían colocado carrozas frutícolas del municipio de Granada y unas cuantas carretillas frutícolas del municipio Lejanías. Como estaba realizando una pesquisa etnográfica sobre las fiestas de la naturaleza en Colombia[6], me entusiasmó la idea de ir a conocer estas fiestas llaneras.

En una Colombia donde se escenifican anualmente más de 4500 fiestas, la de Granada en el año 2022 se me cruzó con otras fiestas de la nación, a las que tenía compromisos de asistir como historiador. Sin embargo, en octubre 15 de 2022 tuve la fortuna de pasar por Acacías, Meta, y registrar un desfile de academias de Joropo nominado «Zapatiando», en el marco de un evento de Festival del Retorno, y con bastante entusiasmo logré continuar el viaje para llegar a registrar el desfile del Festival frutícola en Lejanías. Lo había imaginado, ahora lo podría disfrutar, dado que estaba programado para el 16 de octubre de 2022.

Lejanías, Meta. 16º Festival frutícola del Llano y del Café. Octubre 16, 2022. Fotografías: Marcos González Pérez

 

La esencia

Mirando, preguntando, charlando, comparando y reflexionando, me parece que este festival de Lejanías tiene varios elementos importantes:

a.- No podría afirmar que es una fiesta de tradición, es decir que tiene unas raíces en una larga duración y que su objeto celebrado y sus fechas de celebración tienen algún referente histórico o comunitario. Más bien se creó por la acción de algunos gestores nativos y fue creciendo en este siglo XXI, hasta convertirse en un acto festivo inscrito en el calendario del municipio. Es bien sabido que la tradición no es la misma costumbre, como bien lo estudia Eric Hobsbawm en su libro La reinvención de la tradición[7].

b.- Escenificar costumbres, tradiciones, productos agrícolas, y otros temas, es una apuesta muy valiosa y es la esencia de este festival. En los diseños y elaboración de los cuadros-carretilla no hay la más mínima ostentación, es más importante la interacción de la creación con la cultura regional. Tampoco se perciben competencias, es el juego de dar existencia a un deseo. El creador es el mismo que conduce la carretilla en el desfile o acompaña al que la conduce, que también puede ser alguien muy cercano a él. En todo caso es el actor central. Es el imprescindible, un único. Es lo que lo hace más sagrado. «Mi obra es un tesoro, se mueve al ritmo de mis sueños y la trato como una delicada porcelana», piensa seguramente el creador .

c.- Observé, en las vísperas, el proceso de construcción de algunos de estos cuadros. Estas elaboraciones son pensadas y elaboradas por familias, con productos caseros en su mayoría. No se contrata a nadie, de pronto se piden ayudas sobre todo de elementos materiales, pero no en las ideas. En la puesta en escena del cuadro titulado «Florentino y el diablo» una mamá ayudaba a su hija, mientras esta amamantaba a su bebé. En el montaje de «Soy Llanera», un hijo ayudaba a su mamá. En fin, es un momento familiar en donde el arte une más que una promesa y hay un orgullo muy propio.

Simey Sierra, un amigo cantautor del municipio, quien en otras visitas nos ha hospedado en sus agradables cabañas sentenció: «Mañana verán la hermosa carretilla frutícola de mis hijos» y así fue, iban con la  mamá. Otro caso es el de Teresa Zapata, la gestora de turismo quien nos consiguió alojamiento en plena víspera de la fiesta. Ella con mucha diplomacia nos manifestó: «estoy en modo volteo porque estoy atrasada», con esto se refería a las labores de combinar turismo con elaboración del cuadro-carretilla.

d.- Adornar un cuadro-carretilla implica conseguir productos de alta calidad. Vimos una guanábana de por lo menos 10 kilos, una belleza. También naranjas brillantes, grandes, jugosas, mandarinas que parecían una calabaza, guayabas abiertas con relucientes colores, papayas enormes, mangos como patillas, plátanos verdes y amarillos. En fin, un brillante paraíso terrenal, que, sin saberlo ellos, imitaba a los famosos altares confeccionados con frutas y aves de toda especie, que se exhibían en espacios públicos en las fiestas del Corpus Christi que se realizaban en Santafé y otras regiones de la Nueva Granada en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Tanta calidad estética demanda una serie de preguntas: ¿cuánto cuesta montar ese cuadro?, ¿de dónde salen los recursos?, ¿hay ayuda estatal?, ¿interviene la empresa privada?, ¿hay concurso con premios? Muchas preguntas. Tal parece que en este 2022 esferas gubernamentales, es decir, el Instituto de Cultura del Meta, adscrito a la Gobernación del Meta, dio recursos a los participantes al final del desfile. Seguramente montos más bien simbólicos. Este, como en muchas regiones, no deja de ser un tema para discutir, dado que es un obstáculo mayor para los gestores de la fiesta.

e- Toda fiesta para que sea considerada como tal tiene un objeto celebrado y una fecha referencial de ese objeto, que es inamovible. Además, debe ser asumida por sujetos celebrantes que le dan sentido. El festival en mención se ha programado a veces en noviembre, otras veces en octubre. Mejor sería mantenerlo programado, fechado, siempre en la segunda semana de octubre y si no podría dejar de ser una fiesta y corre el riesgo de convertirse en un evento, que se puede programar en cualquier fecha, a veces atendiendo caprichos políticos. Lo que sí tiene este desfile frutícola es un objeto celebrado preciso: mostrar los productos y cultura de la región. También tiene unos sujetos celebrantes que asumen con entusiasmo esta gran muestra cultural.

f- Toda fiesta tiene unos actores centrales y puede tener unos espectadores. Lo que plantea Mijail Bajtin[8] es que la fiesta donde el espectador asume con entusiasmo los actos centrales es una fiesta de todos, que se diferencia de la fiesta oficial (la de unos pocos). En el caso del festival frutícola en Lejanías lo que notamos es que hay una correspondencia de quién está en la acera viendo pasar los cuadros carretilla con los creadores. Al pasar, por ejemplo, un cuadro nominado «El Mohán», una señora me comentó: «Muy linda, el Mohán mueve el brazo… claro, la construyó y la lleva René Ramos, uno de los que creó este desfile». Así pues, no sólo el creador se apropiaba de su creación, la conducía por las calles, sino que el observador la hacía parte de su propia historia. Una simbiosis muy propia de la fiesta popular.

En este tema de los sujetos celebrantes hay que añadir que los hacedores festivos van caminando orgullosos y se entrelazan agricultores, profesores, niñas y niños, cantautores, gestores de turismo y culturales, amas de casa, finqueros y profesionales. Alguien me dijo que ya existe la Corporación Desfile de Carretilleros Frutícolas de Lejanías, Meta. Un gran paso para lograr sostenibilidad.

g.- Uno de los peligros de la fiesta es la interferencia de las empresas privadas, sobre todo de licores, que con el cuento de apoyar logran controlar espacios públicos y la misma programación para promocionar sus productos en detrimento de la escenificación de los símbolos de fiesta o de las culturas locales. Es lo que denominamos como la comercialización de la fiesta, la suplantación de lo patrimonial por el espectáculo o, en palabras de Michel Vovelle, la desviación de la fiesta[9], de tal manera que por encima del goce cultural está el espectáculo visual de la juerga. Vargas Llosa denomina esto como la civilización del espectáculo[10]. En este acto festivo de Lejanías no observé nada de interferencias de estos tipos.

h.- Los festivales, vistos desde lo histórico, tienen como característica dos ejes: lo musical y lo que se denomina folclor. Este último se relaciona con todas las muestras patrimoniales comunitarias de una región: comidas, costumbres, danzas, artesanías, mitos, leyendas, sonidos, músicas. En una región llanera donde el Joropo es parte de la tradición cultural, la música es un elemento esencial de lo festivo y se merece un espacio en este desfile. Seguramente, como se estila en los joropodromos, Joroperas o en el mismo Guapejoropazo, que se realiza allí en Lejanías, acompañar con aires musicales el paso de los cuadros-carretillas sería de gran placer. Mucho más a sabiendas que varios compositores y cantautores le cantan a Lejanías. En esta versión sólo los murmullos del público producían ambientes sonoros y creo, que se destacó, en este aspecto, el sonido de las lamentaciones que acompañaba el cuadro-carretilla de La Llorona.

i.- ¿Hacia dónde debería ir esta fiesta? En el momento de dar inicio al desfile alguno de los presentadores (de pronto un funcionario) alcanzó a sugerir que esta fiesta tan plena de productos regionales, tan bien adornada y concurrida merecía ser declarada patrimonio de la nación. Seguramente, sólo que el camino por recorrer es largo, se debe hacer conocer la fiesta a nivel nacional, dotarla de investigaciones, producir relatos audiovisuales, organizar un archivo fotográfico, presentar exposiciones audiovisuales, acopiar un listado con los temas que se han difundido en cada obra y con las historias de vida de sus gestores. También es importante involucrar la escuela, convertir este territorio en un lugar de intercambio de saberes festivos con talleres, seminarios y encuentros de estudiosos de otras fiestas y gestores festivos es un paso obligado. Así mismo, sin duda, apoyarla financieramente.

La gran ruta sería combinar las visitas de propios y visitantes a las piscinas del río Güejar, con la fundamentación y socialización en saberes festivos de la región.

[1] Doctor en Historia. Magister en Cine Antropológico Documental. Miembro de la Academia Colombiana de Historia y del Consejo Nacional de Cultura de Colombia. Miembro del Grupo de Investigación Didáctica de las Artes Escénicas. Categoría A1. Minciencias, Docente-Investigador en los Programas de Artes Escénicas. de la Universidad Antonio Nariño. Coordinador del Centro Internacional de Saberes en Fiestas – CISFI-UAN.

[2] Nuez de la Orinoquía.

[3] A quién convertí en una permanente fuente de información, abusando de sus tiempos, pero recreándome con su sapiencia. Vive esta fiesta y lo sabe todo. Una maravilla para un historiador.

[4] GOETHE, Johann. El Carnaval de Roma. Barcelona: Alba Editorial. 2014, p. 36.

[5] SÁNCHEZ SILVA, Luisa Fernanda. «El Llano Festivo» en La Fiesta en Colombia. Bogotá: Credencial Historia. 2017, p.135.

[6] GONZÁLEZ PÉREZ, Marcos. Fiestas de la naturaleza en Colombia. Bogotá: Intercultura, 2021.

[7] HOBSBAWM, Eric y RANGER, Terence. La invención de la tradición. Barcelona: Crítica, 2005.

[8] BAJTIN, Mijaíl. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: el contexto de François Rabelais, Madrid: Alianza, 1998.

[9] VOVELLE, Michel. «De la sociedad tradicional al Estado moderno: la metamorfosis de la fiesta en Francia» en GONZÁLEZ PÉREZ Marcos (Compilador), Fiesta y Nación en Colombia. Bogotá: Editorial Magisterio, 1998, pp. 13 a 25.

[10] VARGAS LLOSA, Mario. La civilización del espectáculo. Barcelona: PRH, Grupo Editorial, 2015.

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